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martes, 31 de julio de 2012

Atemporal.

Atemporal.
Ella era muy consciente del daño que podía provocarme. Yo era muy consciente que no me importaba. Despertar esas mañanas, permitidas, oliéndole el pelo. Sentir el calor de sus curvas sensuales, tibias, justas para sentirme arropado. Momentos fugaces en la ajetreada vida de glamour, de luz, de flash, de gloria. Cuando nos conocimos, éramos dos simples enamorados, jóvenes, con cabezas llenas de sueños. Me decía voy a ser una de las grandes. Ella está ahora entre las grandes. Yo le respondía vamos a ser uno de los grandes. Soy el estorbo de una entre las grandes. Nos prometimos seguir siendo amigos, pasara lo que pasara. Compartir nuestros secretos, nuestras cosas, nuestra cama.
Son subes y bajas, pero dentro del espacio atemporal, espacio acotado por la distancia de nuestras manos unidas. No hay tiempo espacial, es trecho atemporal.
Hoy ella sigue contándome como aquel tal o aquel cual, le dicen, le hacen y me cuenta que no es más que trabajo. Después llega mi tiempo, cada vez menos. Su trabajo es muy absorbente. Se entrega a mí como siempre, con pasión. No podemos destruir lo nuestro, me dice. Pero ella también se va apercibiendo de que es como mínimo, rara nuestra relación, hoy.
No siente nada con los otros, es puro trabajo. Me dice, me digo, intentamos decirnos. No, no nos lo creemos.
Sabemos que los días juntan semanas, éstas meses y así llevamos años. Yo llegué a ser un gran acompañante, en las sombras. Pero mientras ella siga queriéndome, no dejaré que mi sentimiento se corroa por las miradas o los diretes de los otros. Nuestro amor es atemporal.
El papel es duro para los dos, a veces. Ella es la diva, y disfruta en ello. Yo soy su mascota, a ojos de la gente. No importa, seguir despertando oliendo su pelo. Su aroma, que no se corrompe con el tiempo y el uso. Es un vínculo grabado a fuego. Resistirá todo. El tiempo es su único enemigo. Y juramos por nuestras vidas, hace ya mucho trecho. Nuestro amor será atemporal.


lunes, 30 de julio de 2012

Súbete a mi Tren.

Súbete a mi Tren.

Estaba cerca de un banco, donde tenía su macuto. La apariencia de espera, ojos expectantes, escrutadores, que poco a poco fueron tornando a desesperanza. El pelo recogido en un cinto de flores a juego con su color. Le daba ese toque coqueto, sin ser deslumbrante, sencillo. No se determinaba a abandonar la estación. No sé si por indecisión o por miedo a lo desconocido, al dolor a perder.

Mientras la miraba, a través de la ventanilla, desde mi asiento; me veía reflejada hacía unos años. Cuando partí de mi casa. Un último calentón con mis padres. Que después por suerte comprendimos fueron, simplemente, por protección. Ya quedó aquello en el baúl del olvido. Sin rencores, como no se guardan a los que se quieren. Meramente debemos aceptar, la partida por parte de padres, y los hijos, bueno es complicado cuando se actúa de hijo, en esos momentos otras cosas son prioritarias.

En el reflejo del cristal de la ventanilla, estaba mi cara reflejada. Parecía que me habló. Me tomé cierta libertad, de esas que a veces te cuesta un desaire como poco. No fue este el caso y hoy me alegro.

Me apresuré antes que el tren partiera. Corrí hacia ella. Cómo te llamas. Anbel, me respondió con media sonrisa, y tú. Yo soy Belle. Esperas a alguien. Se encogió de hombros, miró a su alrededor, y respondió, no. Pues vamos, el tren va a partir. Se dejó llevar por mi mano hasta mi compartimento. Bueno, yo no sé si debo, tengo billete de asiento. No te preocupes por eso, pagamos al revisor lo que falte y listo. No llevo plata para florituras. La diferencia no será tanta y a mí me sobran unas monedas.

No estaba para muchas protestas. Soltó su macuto en el suelo, se dejó caer sobre el asiento y quedó pensativa.

El tren tembló, ya no es como antes que rugía antes de marchar. Unas palabras de advertencia y allá vamos.

Se le notó la inquietud, la inseguridad de la partida. Le tomé la mano, se tranquilizó.

Pasado un rato llegó el revisor, le expliqué que era mi amiga, que habían coincidido y le pagué la diferencia. Ella dejó hacer. Cuando llevábamos un largo rato, me preguntó, por qué. Es muy fácil, hace diez años, tú en esa estación, era yo. Necesitaba una pequeña ayuda. No la tuve, y me hubiera gustado. Dejaba muchos problemas con mis padres. Tuve que tomar el tren, en la nebulosa de unas lágrimas. Hoy al verte me vi retratada, quise ser ese empujón que a mí me faltó.

Pero, y si te hubiera rechazado. Yo no te obligué a nada, tú me esperabas, le sonreí. Además, ¿dejas algo?. No, creo que no, fue una ilusión de una ilusa. Eso me pareció, le volví a sonreír. Vamos a ser buenas amigas. Este tren que hoy has tomado, es un tren de largo recorrido.

Bueno, yo no lo llamaría así, al fin y al cabo son apenas cuatrocientos kilómetros. Me reí, no éste no.

El tren de largo recorrido, es el de tu vida. A partir de hoy, es un nuevo viaje. Un nuevo destino.

Al llegar a la capital, le sobrevino la incertidumbre de nuevo. La tomé de la mano tranquilamente.

No te apures, te vienes a casa. Vivo sola. Bueno con misifú, mi gatiña. No hay prisa, espero que te sientas cómoda. Es tu casa mientras quieras. Desde entonces está aquí, conmigo. Se ríe cuando lee, este diario.

Pero es cuando yo la miro a los ojos almendrados, color del cielo y no me rio, no me rio. ¿Qué es un viaje?, sin amor. (AQUÍ CON The Dobbie Brothers).


domingo, 29 de julio de 2012

Armas.Almas.

Armas.Almas.
Erre que Erre. Ele que Ele. Si fuéramos chinos importados hasta las nombraríamos igual. Su confusión debe de tener parte de la culpa de que tantas veces se hayan, se siguen y seguirán mezclando.
Desde que las energías tensionaron el carbono tanto para que explotara en una sucesión de situaciones, como mínimo, curiosas. Aquella movida del renacuajo que reptaba hasta hacerse un precioso lagarto, y cómo notó la utilidad de las manitas para quitarse la cerilla de los oídos. Estirando su cuerpo para colgarse de los árboles, para librarse de las armas de los depredadores, pobres almas. Cuando hubo recesión en los arrastrados, bajaron de nuevo, pero ya estaba de moda la moda. Así fue como se acicalaron, irguieron el mentón, y se inventó la estética. Tú eres más feo, yo más guapo. El primero sacando su arma eliminó al segundo, bella alma.
Terreno, más que eres capaz de recorrer en tu efímera vida. Alimentos, la naturaleza brinda más de los consumibles por todas esas almas. Pero no, yo no quiero otro plátano, el mío es ese, el tuyo. Cabrona de serpiente, qué le pondría a la manzanita de marras. Desde entonces ningún alma disfruta a menos que use su arma contra el que no ama. Bien, parece que encontramos una solución. Y si quitamos la letra liante del mandarín. Sí, es muy fácil.
El del arma, la quita. El del alma, no tiene problema en obviarla. Y a partir de ahí simplemente se AMA.
Verdad que sería una sorpresa. Sí pues aunque es una sencilla solución. Nadie, y digo nadie, la quiere con todas sus fuerzas. Ni los españoles con su evangelización, civilización. Tú, ama al alma o mi arma te ama a ti, decían a los inocentes indígenas. Los pobres apenas sabían mandarín, lío seguro. El indígena ama a el alma del soldado, éste arma contra la indígena, si no lo ama.
Desgraciadamente, cuando se aprende a decir, suena mucho más fuerte la errrrre, que la humilde elllle.
Igual de ahí nos viene la utilización mayoritaria del arma para solucionar problemas del alma con quien nos ama.
Todo debe ser por falta de claridad en los intercambios de fluidos corporales, cuando fluyen el alma supera al arma. Así pues, Chinga más, maniiiito.

La Isla.

La Isla.
Ruidos antes de comenzar todo, normal, es un sitio de esparcimiento. Aquí se viene a desfogar los amarres del día. Para tranquilidad, para silencio ya está el patio de los callados. Allí todos se callan, allí todos se escuchan.
La fiesta empezó con una larga presentación que distaba mucho de ser eso, una presentación. Para casi tomar el protagonismo de la velada.
Bueno, allí comenzó la desgarradora voz. Rota por el tabaco y el whisky. Desgranando palabra a palabra, frase a frase. Su forma de contar la visión de la vida.
La cortina formada por el murmullo fue apagándose. La voz desgarradora, emocionada, iba tomando posición. Como si de la formación volcánica de una roca en medio de la inmensidad. Una isla entre tanta agua.
Parecía ganada la batalla del nacimiento. Habría sido dado a luz, en perfecto estado. Pero no, allí comenzó a nacer un grano volcánico. Una ínsula independiente. Sin respetar el entorno, acallado por el rugir de la fiera. Confundido por el rumor de las olas, provenientes de la gruta de los sonidos, que no dejaban de manar.
Pero el grano volcánico, impertérrito como si aquella amalgama de palabras, aquel torrente barredor con la suciedad sonora del sitio, no fuera con él. Se irguió, con voz trémula al principio, pero confiada en sus razones. Subió el torrente para tomar posesión de su espacio en aquel océano poblado por una sola isla, una sola roca, fuerte, segura pero una. Y ella dijo, no. Aquí voy a joderos, voy a contar mis problemas, haré lo que me venga en ganas, pues mis hijos son mis hijos, y no me importa qué estarán haciendo ahora a las once de la noche, pero yo tengo derecho a salir y tomarme una copa, o no. Seguía sólida en sus conjeturas. Nadie le tosía, unos por respeto, otros por dejadez, y otros por miedo al zarpazo, de una bestia herida.
Ciertamente la velada continuó con la gruta al fondo, donde el poeta desnudaba sus mejores versos, para dedicarlos a su amada. Mientras en la otra punta del océano, el grano intruso seguía buscando quien le escuchara.
Los ojos y oídos de los asistentes al espectáculo, simplemente susurraban, como olas en aquel océano. Ninguna ola se atrevió a barrer con su furia, aquel grano, en una noche donde los sonidos predominantes fueron el silencio.
El grano no consiguió deslucir la gloria del poeta, roca, isla, en aquel océano. Pero dejó señal de su triste existencia.


sábado, 28 de julio de 2012

Un Punto Minúsculo.

Un Punto Minúsculo.
Mientras miraba el espejo. Bueno orientaba hacia allí sus ojos, pues todavía la somnolencia no había desaparecido. Refrescó su rostro a dos manos, restregó las comisuras de sus ojos. Notaba como hoy estaban más cerrados que de costumbre. Parecía como en sueños hubieran estado lagrimando. Una costra calinosa se hubiera aposentado allí para enturbiar la visión.
Aclarada la visión con el agua fresca. Volvió su mirada hacia el delator espejo. Como si una alarma hubiera saltado para indicarle, notó rápidamente un nuevo lunar sobre el lado derecho del labio. Mierda de años, se quejó. Sólo hay que esperar pinturas donde no las quieres. Arrugas por todas partes, y chistecitos de las amigas. Qué, inventando lunarcitos sugerentes, eh. Y lo peor aún, ese lunarcito ya se hará verruga, cariiiño.
Un poco de maquillaje y flash, a chuparla el lunar de los cojones. Eso sí, pensó. Ahora tengo que ir disfrazada con estos cataplasmas, para ocultar detalles que antes me hubiera gustado llevar. Pero bueno los años no pasan en balde. Unos días después, el maquillaje no fue suficiente para ocultar aquel lunarcito. Empezó a preocuparse.
Su amiga Onco, le asustó de verdad. No es nada bueno, debemos de quitarlo ya, le soltó sin mediar miramientos. Eres mi amiga, yo soy profesional de esto y no me gusta para nada. Tomándolo a tiempo, es susto de unos días y fuera. Mañana te vienes, te hacemos las pruebas necesarias y en dos días en casa.
El mundo se tambaleaba bajo sus pies. Mis niños, Enzo, ellos no se merecen una cosa así. Onco, la verdad, dímela. Es peligroso. No, si lo quitamos ya. No te preocupes. Te vas a casa, se lo cuentas a tus hijos y a Enzo, te apoyarán y verás como la semana que viene estamos riéndonos todos de esto. Los años, que no perdonan, se rió para tranquilizarla.
Enzo y los niños, se alertaron primero. Pero sabían de las buenas manos de Onco. Enzo tomó las riendas, no hay que preocuparse, es un simple punto. Además estabas pensando entrar en quirófano para ponerte guapa, que si reafirmar los pechos, unas cartucheras más pequeñas y esas historias. Pues esto es más importante, es además estético para que te consueles, tú siempre me decías que yo miraba mucho el lunar de la boca de tu amiga Isa, no querrás ahora uno, se rieron todos.
Extirparon el pequeño punto negro. Le curaron la pequeña cicatriz. Todo perfecto. En dos días disfrutaba de las risas de sus hijos y de Enzo.
Dispusieron una cena de celebración con su amiga Onco y su familia, una fiesta por el susto superado.
Un día brillante, un sol radiante. Se miró en el espejo. No podía creer lo que veía. El punto diminuto había vuelto. Ahora mucho más grande, enrabietado. La oscuridad se apropió de su alma. No, por qué. Por qué a mí. Mis hijos, Enzo. No, por Dios.
La mañana de marzo era primaveral. Un poco fresca, pero resguardado de la brisa, el solecito calentaba. Como los lagartos, solía decirme. Pensaba Enzo, junto a sus hijos. Mientras observaba introducir el féretro en el nicho. Escuchaba su llamada en su cabeza. Una lágrima se deslizó sobre su rostro, para golpear la rosa roja, que había cogido del ramo sobre su cuerpo. A modo de hasta luego. Pues pronto iré. Sé que me esperarás.


El Sueño Lácteo.

El Sueño Lácteo.
Su cabeza era una olla a presión, la pesa daba vueltas y más vueltas. Una idea y otra, surcaban de un lado a otro, en forma de agua, en forma leche, en forma de letras. Un cántaro llenado desde un pozo, una lechera repleta desde las mismas ubres de Preciosa, la vaca. Un libro lleno de letras desde aquella dócil mano que febrilmente se afanaba en contar sus historias. Embellecer el cuento que su madre le solía tararear a ritmo de nana, para que se durmiera. Todas las ideas discurrían por el verde prado de su imaginación, ninguna entrechocaba con las otras. Todas crecían, todas funcionaban. El cántaro en cada paseo se veía más lleno. La lechera rebosaba su alimento albino. Las hojas repletas de letras se amontonaban sobre la mesa en meticulosa disposición.
En un onírico momento el cántaro se llenó. Detrás venía la lechera a tope. Y las hojas terminaban de completar el hueco predeterminado que entre las cubiertas esperaban para consumar la obra maestra, el libro. Los tres se miraron, pues ha llegado el momento crucial, se dijeron. Ir al pueblo, llenar de satisfacciones a los hombres, para con ello ser bien acogidos y premiar así mismo a nuestros creadores, que por su esfuerzo se lo tienen merecido.
Es el momento álgido del sueño, cuando hay que saltar la empalizada que separa los dos mundos. El onírico y el real. El cántaro, más valiente, saltó primero. El cálculo de la altura, por falta de experiencia, conllevó a dar de bruces contra el palo superior, para romperse en mil pedazos. Desparramando tanta y tanta agua acumulada. Su riqueza serviría para dar de beber a los otros seres del prado verde, así se dijo para autocomplacerse. Otro momento llegará.
La lechera enrabietada, se dijo a mí no me va a pasar. Se encaminó a la empalizada para subirla, poco a poco. Sin contar que ella estaba diseñada con asas para ser asida por ellas, pero no para asirse. Así fue como no pudiendo asirse se hizo un alma en pena derramando su preciado manjar, al resbalarse y quedar volcada. Buena cuenta de su lácteo contenido, dieron unos preciosos gatiños y perriños por allí al acecho. Tan preciosos eran que arrancaron una sonrisa en la lechera, diciéndose no hay mal que por bien no venga. Quién si no, iba a alimentar a estas criaturitas.
El libro, más cobarde, esperó al último. Los demás no pensaron en cobardía, sino que su sabiduría le indicaba esperar, estudiar y aprender. Cuando se dio cuenta había superado la empalizada, parecía todo marchar viento en popa. Pero la realidad era más dura de lo esperado y fue cuando ese viento se tornó para darle en pompa. Llegaron los censores, que dicen que se pone, que se quita mariquita. Llegaron los esgaes y cortaron porque es un copiaypega, porque eso no se puede cantar en la ducha, que su creador se mosqueará y mierda paellos.
Entre unos y otros hicieron la realidad muy cruel para la vida del libro, lo reventaron. Así que cuando estuvo a punto de explotar escapó. Corrió y volvió al país del sueño lácteo que él bien conocía. Por donde se movía como pez en el agua, hasta de cántaro.
Donde pudo esparcir sus ideas, sin censores, sin esgaes y tantos hijos de su madre, que no dejan vivir en paz y tranquilidad a las letras. Estas desde entonces se reúnen para formar palabras jugando, juntándose en frases jugando y dando forma a historias increíbles pero ciertas, jugando. Y se decía ahora sí, estas historias alimentarán a otras más bellas, en la mente de los lectores. Gracias, se dijo. Aunque sea en la testa de un soñador.
Para Olina.

viernes, 27 de julio de 2012

Jinetes en la noche.


Jinetes en la noche.
El sol está radiante, todos salen como los lagartos. Grandes dosis de vitamina D, ya el cuerpo iba tornando su cubierta en un pálido mortecino. Hola y adiós, en los paseos. La fiel compañera reluciente, se contornea perfecta, acicalada como en los grandes contrastes.
Surge entonces en mi pensamiento, la bajada de guardia provocada en los sumisos mortales por estos bruscos canjes del tiempo en los terciados de marzo.
Los abrevaderos de las nuevas monturas, a rebosar, colas y más colas. Peregrinación obligada en un día que invita a desplazamientos por la piel de esta maltrecha anfitriona, nuestra pachamama. Rugiendo los corazones de esos jinetes, ansiosos de dosis de adrenalina.
El peligro surge con las horas de cabalgadura, aderezadas con el espíritu de fuego, unas hierbas aromáticas y sin tener que llegar a tocar las líneas. La sobredosis de vitamina D será lo menos resbaladizo. Será complicado dominar la bestia, en la que se convierte, en esas condiciones. El camino se estrecha, y han de pasar todos, cabremos, nos preguntaremos.
Aparecerá la tormenta en noche estrellada, surgirán los llamados a los espíritus de nuestros ancestros. Pero si no hemos cuidado las mínimas circunspecciones, nadie nos escuchará. Pagaremos, dando con los huesos en un antro de frío, humedad y malas maneras.
Las alúas en días así salen por doquier, pero son millones las que perecen en su destino, grandes cantidades para solventar las mermas.
Los humanos nos vanagloriamos de superar en mucho a las alúas. Claro que a veces no sé, si será en tamaño, o en cerebro. Muchos cráneos parecen enormes aserraderos colmados de su sustancia propia, para absorber líquidos desparramados.
Por todo ello, para no pagar el resto de tus días el error de una noche, disfruta de tu cabalgadura con todos tus sentidos. No los filtres a través de sustancias cegadoras. Si quieres volar vuela, pero filtrándote la visión no te hará falta montura. La enjundia está en disfrutar y contarlo.
No dejes que los jinetes de la tormenta te atrapen. Aliuuuu. Saturday in the night, already it is. Enjoy and turn it. Aliuuuu. En la mañana, la brisa acaricie tu rostro. Aliuuuu. (HEMOS NACIDO SALVAJES, VENTE VERÁS,CLICK)

jueves, 26 de julio de 2012

Mefistófeles.(Vii y Final.BIS).

Mefistófeles.(Vii y Final).Bis.
…El alarido de Fistofé heló el círculo donde forcejeaban arma en mano todos los presentes, su desgarrador grito, como un animal herido en sus momentos de expiración, paralizó la lucha. Todos desistieron de batallar y volvieron su mirada hacia el lugar donde estaba Fistofé, con el cuerpo de Belle entre sus manos. Manos chorreantes del fluido caliente brotado del dócil cuerpo de la más inocente de las criaturas.
En ese momento brotó una transformación en el rostro y en el cuerpo de Fistofé, se apoderó de su interior el espíritu de Mefistófeles. Se irguió con el cuerpo de Belle en brazos. Lo depositó sobre la larga mesa. Donde antes había prestado declaración la priora, donde después la condesa se desmoronó, y el juez tomó nota de todo ello. El bello cuerpo de Belle yacía dormido en aquella mesa, embelesando a todos los presentes. Excepto Mefistófeles cuya transformación resultaría fatal para todos.
Alzó la voz en un aullido bestial. Me recogisteis de un cesto en la puerta. Me criasteis en todas las leyes humanas y divinas, haciéndome creer que cuando obraba mal era porque el demonio se apoderaba de mí. Y cuando era el bien, nuestro señor tenía misericordia conmigo. Entre tanto y tanto, los peores ejemplos para mi educación eran ustedes. La madre Priora siempre anteponiendo la plata a todas las cosas, daba igual la procedencia. No ayudaba al necesitado, sino se arrimaba al árbol de mayor sombra, no fuera que el sol tostara su piel. Mira por donde tanto se protegió del sol, que la tez blanquecina acabó por ser su propia perdición cuando la sombra del árbol desapareció. Hoy quiere cortar el árbol.
Por su parte la condesa, ya tenía raíces profundas de maldad, pero claro era poderosa. Quien se iba a enfrentar a ella. El miedo es más poderoso que cualquier daño del poder. Nuestro peor enemigo somos nosotros, si no vencemos nuestro miedo.
La única Persona de los aquí presente, yace ahora, sobre una mesa. El corazón que vertía su maná sobre los desfavorecidos, sin pedir nada a cambio. Vertía su magia sobre los viles parásitos que son ustedes, su madre, su madre de confesión, sus teóricos ejemplos a seguir. Sin importarle recibir a cambio odio.
Ahora ya ce sin vida delante de nosotros. Sé que ella no lo querría así. Era tanta bondad, rebosante su corazón. Prefirió dar una nueva oportunidad a la asesina de su padre, único guía verdadero. Perdóname Belle, pero yo no soy como tú. Y no creo en la justicia de los hombres. Creo en la ley del acero. Diciendo esto. Enarboló la espada bastarda que había arrebatado a uno de los soldados.
Fueron unos golpes certeros, resueltos y con una maestría propia de quien se gana la vida en ello.
Las cabezas separadas de los torsos, cayeron en un santiamén al suelo, delante de los pies del juez. Los cuerpos decapitados de la priora y de la condesa se desplomaron una eternidad después.
El juez, salpicado de aquellos fluidos sanguinolentos, no daba crédito a sus ojos.
Mefistófeles fue despidiendo el espíritu, que lo poseyó por última vez para vengar la afrenta ejecutada sobre un inocente, como nos tiene más que advertido el destino. Dejó que los hombres del juez lo detuvieran sin oposición de cualquier tipo.
Fistofé desde aquel día no ha vuelto a ser Mefistófeles. Vive recluido en una celda del Monasterio del Bosque de Wheatfields. Por voluntad propia. Los jueces tras deliberación otorgaron un arresto de un año, para observar su conducta, después sería libre. No lo quiso, sólo hablaba en su reclusión con Sor Inés, encargada por parte del juez de reubicar y ayudar en sus necesidades a los Viunos del bosque. Desde entonces Fistofé sólo habla con ella, y con los niños viunos, pues son la estampa de la inocencia, dice.

Fistofé.(Vii y Final).

Fistofé.(Vii y Final).
…El alarido de Fistofé heló el círculo donde forcejeaban arma en mano todos los presentes, su desgarrador grito, como un animal herido en sus momentos de expiración, paralizó la lucha. Todos desistieron de batallar y volvieron su mirada hacia el lugar donde estaba Fistofé, con el cuerpo de Belle entre sus manos. Manos chorreantes del fluido caliente brotado del dócil cuerpo de la más inocente de las criaturas.
No os dais cuenta a donde nos han llevado, estas arpías en sus fratricidas luchas de poder. Parad ya, no vended vuestra vida por un mendrugo de pan, les gritó a los hombres de la condesa y a los soldados del juez.
Son ellas quienes deben de pagar su culpa, con sus vidas. Les gritó Mefistófeles.
Un susurro dulce interrumpió los alaridos de Mefistófeles, alejando su espíritu diabólico para dar llegada a Fistofé, con una sonrisa forzada. No luchad más, musitó Belle en un hilo de voz. Ellas tendrán una segunda oportunidad, no se les privará del bien más preciado que tenemos, la vida. Que se las conmine en obediencia y recogimiento, y se le condene a distribuir y ayudar mis bienes a los habitantes del bosque. A los Viunos, preguntó Fistofé.
Sí a ellos se les reubicará en la ciudad, y de las manos de ellas, saldrá la ayuda, donde antes infringieron dolor.
La mejor penitencia será desarreglar el daño hecho.
Además como heredera y nueva condesa de Wheatfields no me vais a negar hacer lo que me venga en gana con mis bienes. Hubiera sido el deseo de mi padre.
Todo ello, si el juez aquí presente se hace cargo de los trámites y no tiene inconveniente.
El juez torciendo el gesto dijo, por una vez, y dado que la más perjudicada, o sea Belle, hija del asesinado, lo pide. Creo que podemos hacer la justicia, más justa y menos vengativa. La penitencia propuesta por Belle será más beneficiosa para todos y no vencerá la ley del talión.
Mefistófeles, quedó enrabietado con el dictamen. Yo las hubiera decapitado, para que la inquina que llevan en sus estómagos no se le subiera más a la cabeza.
Fistofé, Fistofé, debes de alejar de tu corazón ese ángel diabólico que a veces te pierde. Ahora que vas a ser, junto con tu amigo Marcial, mi hombre de confianza, debes de ser ante todo justo y benevolente. Le dijo Belle, sonriendo. Pero yo, yo no soy digno de tal honor, repuso Fistofé.
Tú eres tan digno como cualquier otra persona poseedora del corazón limpio que llevas. Debes únicamente dominar la furia que te fluye cuando ves cometer injusticias de los vigorosos contra los débiles.
Y ahora manos a la obra, por parte de todos, tenemos mucho que trabajar para mejorar, construir y reasentar a todos los parias del bosque.
Belle besó delicadamente la mejilla húmeda de Fistofé, que fluía de felicidad, simplemente agachó su cabeza, y murmuró en un sollozo, Graaaciaaas…


miércoles, 25 de julio de 2012

Velá De Verano…


Velá De Verano…

Y la calima envuelve tu rostro
Tan siquiera, mirarte puedo dejar, un instante
Atrapado en sortilegio
Brisa marina que baña esa silueta
Envidiada pátina de colores y sabores
Y las cerdas bailan al unísono de tu sed
Convertirme en río, en fluido deseado, en ti
Allí detrás, en el centro de mi pecho,
Esperando, acariciando el paso de los años, estando
Apenas quedan vericuetos que no nos conozcamos
Y siempre descubriéndonos, deslizándonos, removiéndonos, seres fundidos, unificados.
Faros que nos alumbran, que nos guían, que nos acompañan, y nos espolean en los legajos del tiempo
Sueños convertidos en realidades
Principios con finales conseguidos, tesón premiado
Y ríos que van al mar, lugar de graznidos de aves latentes, de granos de arena escogidos y atenazados
Así me convierto en lecho lento, en espera y aire
Soy esa rosa de los vientos, donde miréis allá estaré,
Allí seremos, porque una velá flamenca, una noche
Escogida, una hora bruja de la noche, un instante primigenio, una siembra bien atildada, este es nuestro premio, el tiempo, el camino y el lecho donde los posos del café nos muestran que fuimos, que somos, que sois, que seguimos remando…
Serán las tintes níveas de mi ralo pelo, será el salitre que me enturbia l a mirada, o será que soy de esos patéticos seres, sí emocionales, que sabemos Amar…
Porque os quiero, Gracias, por hacerme así…

La condesa.(Vi).

La condesa.(Vi).
...El enfrentamiento puso en funcionamiento el mecanismo de autodefensa de la condesa. Señor juez no se exacerben los ánimos. Aquí tenemos una declaración de una demente, que me acusa de no sé qué disparates. No demos más importancia de la que tiene. Esta señora ha perdido el juicio. Solamente pretende vengarse por el retiro de mis favores para el convento en los últimos tiempos. Todo tiene su explicación lógica. Como dueña de mis dineros, los entrego a quien creo mejor le corresponden, y hacen un mejor uso. De un tiempo a esta parte los donativos hechos por mí a esta institución se han desviado a menesteres no previstos en sus objetivos. Ayudar a sufragar la manutención de las hermanas. En cambio, aquí la priora, los tendrá guardados o sabrá dios qué. Lo cierto, las hermanas pasan más necesidades de las ordenadas por su devoción. Detenga por tanto, señor juez, a la priora para que sea atendida en el sanatorio del Consuelo, donde recibirá las atenciones adecuadas a su dolencia. Todos ante aquellos argumentos, cambiaron de color. Las miradas se clavaron en el juez. Su respuesta podría cambiar el discurrir de los acontecimientos, a favor o en contra de la condesa o la priora.
El juez levantó su mano derecha en posición de ordenar silencio a la condesa. La señora condesa, comenzó a decir, está intentando por pasiva que no se tenga en cuenta la historia de la priora, pero sin saber que ha dicho. Simplemente entiende la no benevolencia con su persona, cual sea lo mencionado. Pero en estos momentos dicto orden de detención contra la persona de la condesa, por complicidad en el asesinato de su esposo el conde de Wheatfields. Para con ello poderse apropiar, como de hecho está, de las propiedades y títulos, poderes y demás de su hija única y heredera, Belle. La indecisión apareció en el rostro de la condesa ante el descubrimiento del asesinato, además de confesado por la causante, sabiendo la consecución inmediata de la horca. Fijó la mirada en los ojos de su hija, esperando clemencia, comprensión. Rompió en sollozos. Perdóname Belle, debes de comprenderme. Tu padre me hacía la vida imposible.
Pensaba nada más en dilapidar tu futuro, tu herencia en ayudar a esos desarrapados del bosque, esos malhechores. Me odiaba porque yo se lo recordaba una y otra vez. Dejó de cumplir con sus obligaciones conyugales. Y caí en las garras de la serpiente seductora, que es la priora. Me sedujo, mi soledad contribuyó a caer en las redes tendidas. Pero yo sólo quería tú bienestar, nuestro bienestar, yo te quiero, te he defendido, como una madre perfecta, te he mimado, he dejado que siguieras con esas locuras de ayudar a los zarrapastrosos esos, sabiendo que robabas a mis espaldas, para dárselo a ellos.
Belle, rompió en un grito. Basta ya de más mentiras, has enviado a Marcial y Fistofé para que acabaran con mi vida. Mataste a mi padre, para apoderarte de todo, como has hecho desde entonces. Y no reconoces que te van más los escarceos con novicias jóvenes, pobres inocentes que se prestan a tu lujuria por miedo. Te mereces lo peor del mundo.
 Pero si de mi depende, no quiero que termines en la horca, quiero verte encerrada y privada de todos los placeres en la torre del palacio hasta tus últimos días.
Deténganla, dictó el juez. Mis hombres a mí, gritó la condesa. Sacaron sus armas, hubo forcejeos de unos y otros, la daga fue rápida. Fistofé gritó, nooo. Belle cayó al suelo de forma estrepitosa…
Por Dios, ella nooo…