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viernes, 27 de julio de 2012

Jinetes en la noche.


Jinetes en la noche.
El sol está radiante, todos salen como los lagartos. Grandes dosis de vitamina D, ya el cuerpo iba tornando su cubierta en un pálido mortecino. Hola y adiós, en los paseos. La fiel compañera reluciente, se contornea perfecta, acicalada como en los grandes contrastes.
Surge entonces en mi pensamiento, la bajada de guardia provocada en los sumisos mortales por estos bruscos canjes del tiempo en los terciados de marzo.
Los abrevaderos de las nuevas monturas, a rebosar, colas y más colas. Peregrinación obligada en un día que invita a desplazamientos por la piel de esta maltrecha anfitriona, nuestra pachamama. Rugiendo los corazones de esos jinetes, ansiosos de dosis de adrenalina.
El peligro surge con las horas de cabalgadura, aderezadas con el espíritu de fuego, unas hierbas aromáticas y sin tener que llegar a tocar las líneas. La sobredosis de vitamina D será lo menos resbaladizo. Será complicado dominar la bestia, en la que se convierte, en esas condiciones. El camino se estrecha, y han de pasar todos, cabremos, nos preguntaremos.
Aparecerá la tormenta en noche estrellada, surgirán los llamados a los espíritus de nuestros ancestros. Pero si no hemos cuidado las mínimas circunspecciones, nadie nos escuchará. Pagaremos, dando con los huesos en un antro de frío, humedad y malas maneras.
Las alúas en días así salen por doquier, pero son millones las que perecen en su destino, grandes cantidades para solventar las mermas.
Los humanos nos vanagloriamos de superar en mucho a las alúas. Claro que a veces no sé, si será en tamaño, o en cerebro. Muchos cráneos parecen enormes aserraderos colmados de su sustancia propia, para absorber líquidos desparramados.
Por todo ello, para no pagar el resto de tus días el error de una noche, disfruta de tu cabalgadura con todos tus sentidos. No los filtres a través de sustancias cegadoras. Si quieres volar vuela, pero filtrándote la visión no te hará falta montura. La enjundia está en disfrutar y contarlo.
No dejes que los jinetes de la tormenta te atrapen. Aliuuuu. Saturday in the night, already it is. Enjoy and turn it. Aliuuuu. En la mañana, la brisa acaricie tu rostro. Aliuuuu. (HEMOS NACIDO SALVAJES, VENTE VERÁS,CLICK)

domingo, 15 de julio de 2012

Él Estuvo Aquí.

Él Estuvo Aquí.
Se fue a dormir, con la agitación aún en su pecho. La obra que había terminado de engullir. Sí engullir, pues se sentó en la mañana, y en la madrugada decidió pasarse a la cama, con el único sustento, el acompañante perfecto para estos menesteres, mucho café. De un tirón había vivido en su mente aquella historia tenebrosa, de amor y odio. De un ser enamorado y sensible, tanto como repudiado por los demás, por la desfiguración que mostraba su rostro. Bueno no mostraba, pues se cuidaba de esconderlo detrás de una máscara, cuando en la protección ofrecida por las sombras de la noche, se atrevía a salir.
Desde el accidente nunca más fue capaz de mostrar aquel rostro frente a otro humano. Pero el amor de ella, le pudo. Y se encaprichó con hacer que se lo mostrara. No tanto por verlo, como después se demostró, como por vencer en las reyertas del corazón. En todo no vamos a ser el sexo débil, se decía la muy sátira.
Agotada, con los ojos como platos acuchillados, dejó el mamotreto aquel. Lo miró, se dijo, cuando me engancha es que lo vivo, un escalofrío recorrió su cuerpo.
Ni he comido siquiera, café y más café, he de dejarlo, si no el médico va a tener una excusa, cuando me lleven con yuyu dado. Bueno no más, pienso tonterías, me lavo los dientes y me duermo un rato, que vaya día, hoy solamente esos pobres diablos, pensó refiriéndose a los personajes de la novela.
El amor incondicional de él, la utilización correspondiente de ella. Pues él después se sintió utilizado. Pero ella se enamoró apasionadamente de un hombre con máscara, no del monstruo descubierto por dar rienda a su provocadora sed de descubrimiento.
El sueño apareció pronto, tan rápido que no dejó salir al hombre de la máscara. Se quedó atrapado en su ahora vida onírica. Su amante no estaba, ella la sustituía. Y el hombre de la máscara por tanto, que iba a hacer, la sedujo. Le hizo el amor, ella disfrutó como envidiaba en sus amigas. Pero el peso de culpa de estar engañando a la amante novelesca, hizo que el placer se tornara en llanto. Y el hombre de la máscara comenzó a gritar, ¡quieres ver mi rostro!, seguro que quieres verlo, maldita pécora, eres como todas. Siempre queréis más. Justo cuando se sacaba la máscara y su rostro iba hacer acto de presencia, se despertó empapada en sudor. La sonrisa le volvió al rostro. Miró el mamotreto encima de la mesilla de noche. Pensó, vuelve a tu libro, hombre enmascarado que ya te estabas pasando.
Al recostarse de nuevo, se llevó la mano a la entrepierna, estaba chorreando. Será posible, es la primera vez que me pasa, se dijo. Bueno no ha estado mal, a pesar del susto final. Pero esta noche, ya vale eh, dijo en voz alta. Mirando el libro, encima de la mesita de noche.