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martes, 1 de enero de 2013

Cosas Pequeñas


Cosas Pequeñas
La vida te enseña
A valorar
El tamaño de las gentes
No son más grandes por sus cuerpos
No son más valoradas por su fuerza
Tienen el valor de la grandeza
De callar cuando su silencio
Tiene un dorado precio
Y hablan con crudas navajas afiladas
Cortantes en el aire
Que crean heridas, pero no matan
Advierten de los males mayores
Y están, cuando deben estar
No tras flashes de ingratas apariencias
Saben llevarte las pequeñas cosas
Cada vez una pequeña cosa, y otra, y otra
Y por ello se transforma en la Gran cosa
Un conjunto de teselas, pequeños cubos informes
Consiguiendo un puzle agradecido
El mosaico de nuestro mundo,
Hecho de echar grandes minucias ordenas por el azar.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Clásicos …Levántate.


Clásicos …Levántate.
Estirpe noble la que deambula en los conductos sanguíneos de la fiera dormida. Otorga el beneficio de la duda a todos los mortales. Deja que piensen, instiga o mejor aún, enseña a pensar. Utiliza su vivencia como acicate para soliviantar a los otros. No deja translucir sus pensamientos, pues el que porta la piedra preciosa sabe de su sinceridad.
Paciente en aletargado transcurrir de los momentos y de las circunstancias. Deja a los enemigos pasar, cuando a sus vástagos no se arriman. Siempre alerta. Daría el zarpazo mortal al que ose invadir el círculo propio.
Entonces insufla fuerza en sus ocultas fauces felinas, en su hipnótico caminar. Fiera donde las haya se convertirá. Hará pagar a quien no tenga la nobleza de suplicar perdón.
Se levanta de una y mil caídas, de un salto. Donde nadie daba un mendrugo, encontrará la bandeja llena. Y habrá de pagar la apuesta que sobre la mesa puso, en su osadía de no templar la palabra del que nunca miente, sin indicios siquiera, sólo por desfachatez y olvido de su olor a ciénaga.
Que pague…es su sino, él se lo buscó.
Entre tanto las líneas innatas de la piel de la fiera siguen enseñando las huellas dactilares que nos diferencian a todos. Ninguno somos iguales.
El ojo sabedor del más allá de una simple mirada. Al igual que hoy podemos observar con las nuevas cámaras de sensibilidad térmica y conocer la respiración acompasada de las víctimas y de los verdugos. Atilda la retina y podrás escuchar sonidos que bailan al son de la melodía que te toco.
Entre tanto me apoyo en el báculo que me permite caminar, en compañía de mi águila vigilante y mi sabia rutilante doncella de los suelos, madre de las criaturas del averno.
El tiempo pone a cada uno en su sitio…todo llega, no desesperes, camina. Todos los días una cosa nueva nos acompaña al lecho. Hoy también…


martes, 20 de noviembre de 2012

Sinusoidales o curvas, rojas en el amanecer.


Sinusoidales o curvas, rojas en el amanecer.

Sustancias en compañía, logran amoldar las rectas líneas de ejecución. Maleabilidad de materiales inertes en apariencia estática. Unos grados más y la curva toma forma. Se adecua al movimiento, se deja levar por las notas sibilantes del aire al atravesar las paredes del instrumento, logrando el antídoto para el amansamiento de las fieras.
Un viaje recto adormece, es asesino. Es capaz de alienar al caminante y dejarlo en el duermevela que le pueda costar la existencia. Unas gotas de elixir y dejará volar la sinusoidales en el calor del letargo. Quebrará la dichosa estación al sentirte contornear las nebulosas formadas en el humo con tus voluptuosos vaivenes.
Junto al mar, compitiendo en color, sabor y deseos con el manto frío del agua bravía. Masticando cada instante que pasa sin poder doblegar al macho que en Recta actitud se presta a enfrentarse. 
Nada más que unos instantes, nunca bastante. El amanecer declarará la tregua del envite de dos corsarios en lucha por el tesoro que colma su galeón.
Caminarán juntos y distantes, acompañándose pero en distintos estadios. Inventarán modos dispares para doblegar a la cima. Serpenteará sobre su lomo para dejarla atrás a su paso. Antes parecióle un impedimento pero para ello está el raciocinio para solventar las grandes cumbres con rodeos necesarios pero superables.
Hasta el cuento más antiguo de los mayores cuando fueron pequeños y siempre repetido, enseña el cuidado que se le precia a la oscuridad del pelo del bosque para con una ninfa de curvas poderosas en rojizo terciopelo. 
Pobrecilla se salvará esta vez?, me refiero a la fiera…
Prescripción de instrumento hipocrático para disipar el amargo sabor del cóctel explosivo de mezclas de curvas y velocidad.