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martes, 2 de abril de 2013

Don Dorado…


Don Dorado…
Marrón, matices de marrón
Cuan carbón, grafito, cristalizado carbono
Diamantes, bruta piedra, presiones extremas
Marrón, dorado se muda
Tanto da, bosques de inmensas planicies, y él
Enmarcado en la multitud, marrón

Movimientos de fallas, grilletes de acero plúmbeo
Estiradas de tornillerías de espinas, en la vasta piel
Nobleza, alimento de testas turcas y corazones elegidos
Entre la hojarasca, irriga los aledaños, vierte sapiencia
No escuece, nadie grita, todos oyen, nada duele
Desvencijadas carretas acortan caminos a su alud
Todos oyen, su titilante llama, el resplandor no se ensordece
La zarza patea en el firmamento etéreo, finito
Ayer repudio, hoy agasajo, mañana idolatría…
La historia, por ser lo que es, se repite.
Se irrigan los pozos y se secan los desiertos,
Se acumulan las peticiones, la madera quedará donde es.
El Don se esparce y la ciénaga se seca, el marrón dorado vence.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Clásicos …Levántate.


Clásicos …Levántate.
Estirpe noble la que deambula en los conductos sanguíneos de la fiera dormida. Otorga el beneficio de la duda a todos los mortales. Deja que piensen, instiga o mejor aún, enseña a pensar. Utiliza su vivencia como acicate para soliviantar a los otros. No deja translucir sus pensamientos, pues el que porta la piedra preciosa sabe de su sinceridad.
Paciente en aletargado transcurrir de los momentos y de las circunstancias. Deja a los enemigos pasar, cuando a sus vástagos no se arriman. Siempre alerta. Daría el zarpazo mortal al que ose invadir el círculo propio.
Entonces insufla fuerza en sus ocultas fauces felinas, en su hipnótico caminar. Fiera donde las haya se convertirá. Hará pagar a quien no tenga la nobleza de suplicar perdón.
Se levanta de una y mil caídas, de un salto. Donde nadie daba un mendrugo, encontrará la bandeja llena. Y habrá de pagar la apuesta que sobre la mesa puso, en su osadía de no templar la palabra del que nunca miente, sin indicios siquiera, sólo por desfachatez y olvido de su olor a ciénaga.
Que pague…es su sino, él se lo buscó.
Entre tanto las líneas innatas de la piel de la fiera siguen enseñando las huellas dactilares que nos diferencian a todos. Ninguno somos iguales.
El ojo sabedor del más allá de una simple mirada. Al igual que hoy podemos observar con las nuevas cámaras de sensibilidad térmica y conocer la respiración acompasada de las víctimas y de los verdugos. Atilda la retina y podrás escuchar sonidos que bailan al son de la melodía que te toco.
Entre tanto me apoyo en el báculo que me permite caminar, en compañía de mi águila vigilante y mi sabia rutilante doncella de los suelos, madre de las criaturas del averno.
El tiempo pone a cada uno en su sitio…todo llega, no desesperes, camina. Todos los días una cosa nueva nos acompaña al lecho. Hoy también…