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jueves, 1 de noviembre de 2012

Aún tengo el Blues…


Aún tengo el Blues…
En su caminar, Bluesman volvió a tropezar con la intolerancia propia, dado su parte helada, de los mismos corazones, aunque quizás esta vez encontró uno inesperado, aún su objetividad y mirada certera le permitía suponer su existencia, nunca hubiera deseado así fuera, encontró la inquina en el lugar menos deseado, donde daño real provocaría en su interior, en su alma, en su blues. Corroyéndole en sus fueros más internos.
Siempre caminó contra el viento, pues se dice que la manera de sentirlo en nuestro rostro, es mirando hacia él, no dándole la espalda. Siéntelo, escuchó alguna vez, enfréntalo, te hará daño, pero también te colmará de los máximos placeres, olores, sabores, sentimientos cargados de sensibilidad. Si le rehúyes sólo te empujará en su dirección como con los otros.
Fue testigo, miró, estudió, anotó todos los movimientos. Se limitó a contar la fotografía, el collage de la vida, roces, sufrimientos, amores, desdenes, sinsabores, rasgando su bluesguitar de vez en cuando para sazonar el aire de lluvia salitrosa, de las puñaladas traperas, de las traiciones de los seres ajenos, de las flores mustias deshilachadas tras un vendaval apasionado, donde costuras débiles no dejaron construir el traje a medida, aquel lucimiento necesario para ellos.
Las cicatrices en su rostro, en su fuero interno, marcadas a fuego incendiario, incrustaciones metálicas de la destrucción de puentes entre seres irreconciliables, astillas de explosiones madereras tras huracanes, en bosque de árboles caídos.
Historias repetidas, no por ello menos odiadas. Todos portan la verdad, todos dicen quererla. Hasta que aparece alguien que la cuenta, que te la dice a la frontal sutileza de tu vanidad. Entonces ese se convierte en el loco que habla de serpientes y águilas, que cree vivir en una caverna destrozada por el colmo de la sabiduría. Es cuando los rincones, se llena de libros, de letras dañinas. Cuentan que Oscar decía, que no hay libros obscenos o no, hay libros bien o mal contados, bien o mal narrados. Quizás sea el lenguaje, que no entendemos el idioma.
La ignorancia tiene la capacidad de atreverse, es como el aborregamiento provocado por el dios etílico. Nos permite ser, lo que no somos despiertos. Nos da alas flamantes, pero ícaras en el fondo. Son belleza, mas simple belleza, inútiles para volar hacia el cielo, donde el calor irradiado por astro vengativo, las destruirá sin esfuerzo. Sorpresa de alma transparente, entregada a la palabra, destruida ésta por la ignominiosa ignorancia, el egoísmo, y la inopia propia de seres injustos, inseguros, mediocres, y necesitados de idolatría para con su egocentrismo.
El bluesman en este caminar sintió la daga atravesar su coraza protectora. Ésta le protegió en tantas otras ocasiones, pues su material estaba fabricada con el ungüento en contra de los sin sangre, de los míseros seres del hábitat terrenal.
Esta vez sin embargo encontró un nuevo elemento, ante él nada pudo, su coraza pierde su fortaleza ante tal hechizo. La daga se coló entre las hendiduras de sus riñones, elevándose hacia el mismísimo interior, donde el habitáculo portador del alma se encontraba esperando, quizás dardos de veneno benévolo, como tantas veces fruto de dispares afrentas. Nunca mortal de necesidad. Desangrándose se encuentra en el patio del olvido. Gota a gota, aguja a aguja, tiñe de escarlata el camino. Fiel como siempre, una sola, su Sombra.
Y sí el lagrimear del Rey, y su bastón mágico, arrancando las notas más dolorosas y lanzándolas al viento.


martes, 30 de octubre de 2012

La Sombra…Noche de Luna.

La Sombra…Noche de Luna.

Es arriesgado, le trataba de decir él, más prudente o cobarde. Ella que como siempre más decidida, cuando algo quería, le convenció. Entre sombras, aprovecharon la luna llena, casi se podía ver los detalles más nimios.
Olor a fruta madura, a explosión de fresas, en una fábrica de mermeladas, se reían diciéndose se imaginaban estar.
Caricias, besos, intensidad emergente en ellos. Apretones, roces y muerdos. Susurros, entregas, gritos ahogados para alentar a toda la plantación. Así fue como ella se entregó la primera vez a su hombre, aunque podría decir a su niño, pues eso eran niños. Rompientes dolorosos placeres, descubrimientos de goces sin mácula, magnetismos que los atraían sin dudas.
Ruidos, voces acercándose, pasos…están aquí. Quienes, preguntó él aterrorizado. Mis hermanos, mi familia, han venido antes, o no, se nos pasó el tiempo volando. Corre a ver qué inventamos, pues como nos cojan así como así nos matan.
Siempre fue pintor aventajado, te hacía caricaturas con un canto de ladrillo. Así sin pensarlo, le dijo, ponte ahí. Contoneó su cuerpo, sobre fondo del transparente lienzo. Tomó la máquina de aliñar los líquidos a las plantas, la cargó de triple ración de sulfatos azules. Se entregó a la creación. Cuando acabaron de llegar los familiares…
Gritos, venid, venid…hay una aparición. Esto es buena suerte, ha aparecido una sombra que nos mira sobre el fondo de ese lateral. Todos al unísono corrieron en busca de las advertencias.
El fuerte olor a los sulfatos concentrados, la nebulosa yacente aún en el rededor, le daban una celestialidad, que ya puestos, surgieron los parecidos. Uau, es la mismísima cara del cristo de los gitanos, dijo el más atrevido. Anda ya, soltó otro, más bien el cachorro de Triana. Tonterías, se lanzó el tercero. Es el comandante, es el Che, si no hay más que mirarle a los ojos.No sabéis quien es. Es el maestro,José Monge, el camarón…si hasta parece que se va arrancar con el romance de luna, no veis que la preñez de la luna invita a ello…
Ella le miró a él, se sonrieron cómplices. Un poco de teatro, habrá que llamar a los periodistas, igual nos viene bien la publicidad, y colocamos todas las fresas que nadie quiere, entre los curiosos que se arrimen a ver las apaaariciones…
En el transcurso de los años lo rememoraban sin desvelar su secreto. Sólo su madre, le decía con una socarrona sonrisa de oreja a oreja. Menos mal que camarón vino a amenizar la fiesta con el romance de luna, si no algunos pasan de la isla para allá.
Madre sonreía ella, no me digas que no ganamos nuestros cuartillos extras con la fresa vendida entre los curiosos. Se lo debéis a él, menudo pintor ehhh…jejeje.
Sí, sí, pero si no sale bien la jugada, la denuncia la tiene que poner por escrito, porque tu padre y tus hermanos le hubieran dejado la boquita para tomar sólo líquidos en unos meses, jejeje. Que ya sabes que eso de pillar a uno solo, les encanta. Aunque sea para darle unas clases de civismo. Mira que marcar el terreno la primera vez en un invernadero.jejeje.
A ellos les daba igual, pues todo salió mejor de lo esperado. Y cuando escuchan a José, desgarrar su romance al viento, llenan sus pulmones de alegría. Además que cada uno, cuando mira, ve lo que quiere ver.Y se escurren en busca de los olores de fresa estrujada, mermeladas y sudores transparentes de los invernaderos. Como aquella primera vez, pero sin miedos.