Translate

Mostrando entradas con la etiqueta gendarmes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gendarmes. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de julio de 2012

La presión aumenta.

La presión aumenta.(II)


…No podía ser. Él era distinto a los demás, él era un alma pura. Corazón limpio, sensible, ardoroso, pero rebelde contra las humillaciones, irascible cuando veía una iniquidad contra un frágil ser en las manos de otro, que desgraciadamente la naturaleza le había otorgado la teta delantera. Tengo averiguar que le ha pasado, se dijo. Pues no me ha fallado, sin más, seguro que no.
Al llegar a la plaza del gran general, no iba a ser menos, los corrillos cantaban lo ocurrido. Las lenguas maldicientes impregnadas de los bulos interesados, ya contaban que habían detenido por aquí y allá. Las lenguas más alienadas daban por merecido, todo. Las detenciones, los garrotazos e incluso los muertos. Otros sin levantar la voz para ser señalados, por dedos acusadores, intentaban mediar explicando la protesta no violenta. Sólo pedían pan, el que hoy algunos de nosotros nos comemos, decían. Qué dices tú, terció rápido los gendarmes desperdigando los corrillos. El miedo imperaba por todas las esquinas. Logró ver a su amiga de escuela. Le puso en conocimiento de que habían detenido y aporreado al anarquista, el objeto de su búsqueda desesperada. No supo decirle si estaba bien, ella vio como sangraba cuando lo metían en los calabozos. Hacía allí se dirigió sin pensarlo. De bruces se dio con los gendarmes de puerta, aún sabiendo a qué venía, le mal dijeron que allí no tenía nada que hacer. El maldito anarquista ese, no la molestará más señorita, fue la respuesta recibida a su insistencia, entre risas sarcásticas.
Tenía que buscar la forma de entrar. Pero no podía enterarse su padre. Anduvo trasteando hasta dar con un antiguo pretendiente soldado. Déjame entrar, debo de verlo, tengo que asegurarme de que está bien, le suplicó.
Él sentía dentro su deseo no correspondido, pero era real y sano, no podía dejar de ayudarla.
Así fue como llegando junto al soldado hasta los calabozos, donde permanecía retenido el anarquista, fueron sorprendidos por los gendarmes.
Qué hacéis aquí, traidores. Le dieron unos guantazos a ella, él recibió un culatazo al forcejear con ellos. A ti te fusilarán por traidor, y a ella, bueno a ella. Nos divertiremos un poco antes de que se entere el juez.
Sin quererlo, sin pensarlo, sobre todo eso. Se vio detenida, atada en la pared, recibiendo tocamientos de aquellos malnacidos, que siempre se prestan. Además sabiendo haber comprometido hasta la posible muerte a un chico, que lo único que había hecho era amarla sin recibir a cambio ni una chispa de esperanza. Todo le salió mal, se dejó llevar por el corazón, y allí estaba oliendo los nauseabundos alientos, de aquellos malnacidos.
No tocadme, inmundos, cuando mi padre se entere…
Tu padre igual no se entera, puedes tener un accidente y aparecer muerta en una acequia, violada y ultrajada. Qué pena nos da el pobre señor juez, se reían…
El juez apareció en casa, cansado y como siempre solía hacer fue a buscar a su hija para besarla en la frente, como todos los días. Le rejuvenecía, le refrescaba la vida con las carantoñas que le hacía a diario. Pero no estaba en la biblioteca, donde solía estar a esa hora. Qué raro, salió sin avisarme? No lo suele hacer, pero bueno no es una niña ya, por mucho que yo no la quiera dejar crecer. Pronto vendrá, seguro habrá algún mozalbete lisonjeándola, bueno ella sabe defenderse…

viernes, 13 de julio de 2012

La Decisión del Anarquista.(I)

La Decisión del Anarquista.(I)


Le pusieron delante dos acérrimas enemigas: La Traición y La Libertad. Le dieron? A escoger. Si sigues el camino de la primera conseguirás la segunda.
Fue arrestado en un tumulto. Donde él no debía de estar, pero estuvo. Lo marcaron como posible interviniente en la protesta. Le vieron cerca en el peor momento. Él tenía coartada, pero desvelarla era poner en un aprieto a sus Amigos. Podía delatarlos, como hubiera hecho algunos de ellos, caso contrario, pero no lo hizo.
Estuvo con ella. En su cama, disfrutando el uno del otro. Estremeciéndose con las mutuas caricias, con los intensos besos.
Ella, su hija. No eran de la misma clase social, ella era hija de juez. Él, un hombre libre, sin ataduras con nada, ni con nadie. Pero ella se cruzó en su camino. Un día como otro cualquiera, en la plaza junto a un puesto de libros. Ya estar cerca de ese puesto era peligroso. Para los gendarmes, ese puesto olía peor que el del pescado. Olía a anarquistas, a revolucionarios, a gente de mala ralea. Tenían que tener vigilados a todos los que se acercaran por allí, bueno a casi todos. Ella hija de un juez, joven, seguro se le pasaría esas ideas de mezclar lo inclasificable. Cómo se le ocurría codearse con esa chusma, ella una señorita bien, bueno ya se le pasará, se decían. Mejor no decir nada al juez.
Pero se miraron, se acercaron, se chocaron y ella le buscó. Hablaron y ella sintió su deseo. Él, temeroso al principio, quiso anunciarle sus diferentes clases. Pero ella le facilitó el camino, dando por entendido que lo sabía, y no le importaba. Sus caminos estaban juntos ya, pero siempre ajenos a las miradas de los demás. Era su secreto y en ello les iba su relación, además de seguro, la vida de él. Lo sabían y aunque lo temían, no les importaba.
Hasta la redada.
Él tomo el recorrido equivocado. Se encontró de frente contra los manifestantes que corrían en su dirección. Los gendarmes a caballo los espoleaba y tuvo que correr con ellos. En el cierre de la calle, aparecieron más gendarmes armados, hubo lucha, sangre, muertos y heridos. Cuando despertó se sentía magullado, le dolía todo el cuerpo. Estaba atado a una silla. Una luz cegadora frente a su cara. Y cuatro enormes individuos gritándole. Algún que otro golpe caía sobre su machacado cuerpo. Interrogatorio inmoral, así como vano, pues le conocían y sabían que él no delataría a nadie. Pero claro ellos trabajaban para los señores y tenían que probar sus artimañas contra un hombre indefenso, atado a una silla. Debían de responder ante quienes le echan de comer. Pues la única manera de alimentar a las hienas, a los buitres y toda esa tribu de bestias.
Pues te haremos cantar, nos vas a poner por escrito todos los nombres. Ya que eres tan leído, tan docto, no te será difícil. Si eliges el camino bueno serás libre, pero si no, pues las uñas no sé si te servirán para arañar a esa muñequita con la que te juntas…
Malditos, si a ella le hacéis algo, juro por lo que más quiero, que desearéis no haber nacido…
Ella entretanto esperaba en el lugar acostumbrado, se iba haciendo tarde, él no llegaba, nadie llegaba…