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viernes, 19 de octubre de 2012

Erase una vez…


Erase una vez…
No comenzó como cuento, comenzó en el asiento de un bar. Un niño, una mujer. Una bella e inalcanzable amiga, un pequeño e inocente amigo. Unas risas, otras más, muchas más. Confidencias antes, nunca hechas. Punzadas inexplicables al ver al otro marchar a otro baile, quedando al sentado niño, mirando, pensando, me debía de alegrar por ella, pero no lo hago. Me entristezco por mí. Por qué por mí, se decía. Soy sólo su amigo, debería querer su bien, quizás no me siento amigo, ya. Al siguiente estadio me subí, no debí hacerlo, pues de él, ella me podrá expulsar, además con razón. Ella me contaría, largo trecho después, sus no, sus sí pero no, sus punzadas laceradas. Un amigo, una amiga, un juego de caballitos, un tropezón divino, sangre, dolor y lágrimas, sientes y siente, quién rompe, paga y los trozos para casa. 
Miradas, confidencias, complicidades, conjeturas de algo que se fraguaba, sólo los corazones los veían. Bueno, y todos los demás. Ellos se miraban, ellos no se querían ver. Ellos eran amigos. Podrían metamorfosear esa amistad, pero las transformaciones son alumbramientos, partos donde puede haber dolor, donde puede aparecer la pérdida. A veces queremos cambiar al amigo, a la amiga, por tu amor. A veces mueren los amigos en el parto. Y dejar ver como los bailes transcurrían, y los aspirantes afinaban su puntería. Diana flotante donde subido estaba el amigo, que podría seguir allí, pero qué seguridad tenía, ninguna. Podría perecer en ese envite y además sufrir la pérdida total de amiga y amante. Una luz de septiembre, como esas que comienzan a ser más cortas, puso la señal de alarma al rojo. El triste y melancólico otoño, esperaba impaciente para deshojar sus árboles más bellos, acortar los encuentros, comenzar a perder. 
Era ahora o nunca, era un salto al vacío sin red. El premio merecía la pena, el riesgo de perecer, la alternativa era perecer lentamente en agónica mirada perdida en el horizonte. Palabras nunca tan agradecidas, como aquellas, a pesar del comienzo titilante, el chisporroteo de una luz insegura, los estadios eran muy distantes, podrían caer, uno al subir, otra al bajar. Decidieron arriesgar, sembrar y esperar a ver los frutos crecer. Pasado los otoños, llegan los inviernos. El invierno más cálido jamás soñado por él, por ella, por ellos. No eran amigos, eran Amigos, eran Amantes, eran el Principio de una Eternidad. Sueñan con ello, no dejarán de soñar con ello. Realidad se convertirá, luchan día a día porque así sea.
 
A veces se vacía un poco el cuenco de ella, él lo rellena. Otras, él se derrama, ella acude presurosa a su lado y regeneran lo perdido. Parece un cuento, podría empezar como un cuento. Erase una vez…pero decidieron que fuera una historia, su historia, nuestra historia…
Siempre rellenaré tus lagunas, con mi manantial.
 Al igual te espero como lluvia sanadora, cada vez que mi corazón enferme, pues es delicado como el tuyo, los nuestros.
No son más que palabras, pero es como mejor me sé expresar. Lo demás dejaré que la naturaleza nos ayude, pues existe la física, existe la química, desde antes de conocernos, como diría alguien para inmortalizar aquel encuentro con un acantilado por testigo…

jueves, 6 de septiembre de 2012

No,no soy un héroe.

No,no soy un héroe.
Tú puedes conseguirlo. Escucho muy cerca de mí. Ahí aparece ella. La luz del sol da sobre su espalda, la veo en la entrada. Una maraña de luz le conforma un aura celestial, su menuda figurada, realzada por los contrastes de la luz. Y su voz dulce, comprensiva. Siempre dando ánimos, siempre sintiendo cuando necesitas una mano en tu hombro, una palabra confortadora. Ocultará tus faltas ante todos, aunque intente corregirte. Te perdona siempre, incluso lo imperdonable. Ella diosa de tu hogar, cuida de ti, de vosotros. Al verla entrar, la sonrisa renace en mi cara. Un simple beso, la reconforta. Hola, Madre. Hola hijo, como llevas eso, lo terminas. Sí, ahora seguro. Me vino lo que me faltaba, ahora nada me puede parar. Me alegro. Yo lo sé, Madre.
Un día abandonas tu ser más preciado. Una nueva vida has de comenzar. Nuevos caminos llenos de incertidumbre. En su pesar, entre sonrisas y lágrimas te entrega a otra diosa, te encomienda a sus cuidados. Para ella no has crecido, te otorga todas las virtudes, todas las destrezas, eres el mejor. Pero para ella sigues siendo su niño. Es Amor de Madre.
La nueva diosa, te reconforta de una forma distinta. Te da placer en el alma con otras esencias. Llega a encender muy dentro de ti, una llama imposible de apagar. Una energía nueva te llena los más recónditos rincones de tu ser. En los momentos álgidos llenáis el hogar de jadeos, propios de bestia en la lucha. Una lucha placentera que termina en un éxtasis fulgurante elevador al mismísimo cielo. Entonces comienzas a descubrir dónde está el paraíso.
Hay desmoronamientos de piezas mal colocadas, como en todas las construcciones. Pero encuentras para qué te dieron la herramienta más preciada que tenemos, la comunicación. Utilizas todos los sentidos, aprovechas la sensibilidad de tus dedos, el erizamiento de los vellos de tu piel, la palabra. Todo es reconstruíble. La comunicación mantiene el edificio como el primer día. La confianza forjada a cada instante. Un día le dices, gracias Mujer, ella te sonríe. Para ti, el mejor laurel.
Esas princesas dan mucha pelea, son traviesas, alocadas. Se fastidian una a la otra, a veces por chinchar. Se dicen entre ellas. Yo me digo, se buscan, necesitan escucharse, el sentirse cerca. Son amigas, son confidentes, se quieren, son Hermanas. A veces acaloran a la diosa. Pero notan, aunque sea un instante, su ausencia. Necesitan de ella.
Todas, las tres se han acercado. Al unísono, me malcrían. Eres el mejor. Tienes que sacar lo que guardas en tu interior y compartirlo con todos. Con nosotras ya lo haces, pero debes de lanzarlo al viento. Que la brisa impregnada de azahar aromatice tus hilados, ese manto que tejes debe de proteger del frío a todos. Los merecedores desde un primer momento y a los otros.
Si son ignaros habrá que educarlos. Si son ciegos habrá que hacerles ver. Sin son glaciales habrá que buscar su chispa, pues tenerla la tienen., y fundir su interior.
Las enfrento a mis ojos, una a una, les proclamo. No, no soy un héroe. Qué puedo yo. Tú eres la Mejor. Mujer. Incomprendida. Sufridora. Tú eres Laurel.
Para ti Mujer.Madre.Hermana.Amiga.Compañera.Hija.Todo.
(TINA.Te lo explica Mejor.SIMPLY ROMA.AQUÍ)
En este enlace podéis pinchar si queréis seguir la publicación de los textos del libro SALPICADURAS . Ya tenéis los cuatro primeros  relatos completos, pronto el quinto. MI SUEÑO...SE PIERDE EL TREN con las ilustraciones de José L. Martínez REBOTE.