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viernes, 2 de noviembre de 2012

Ponte en mi lugar.



Ponte en mi lugar.
Ponte en mi lugar, te diré. Ya sé que tú no eres cursi. Tú no haces cursilerías. Tú nunca le dirás te quiero en público. Jamás besarás sus labios delante de todos. Imposible imaginar darte un morreo en un banco del parque. No, tú nunca lo harías.
Tú mirarás a la pareja que pasea de la mano, y criticarás en público. Soliviantarás el aire con tus despotricadas escenas cuando veas a una pareja juguetear y restregarse en el césped del parque. Sí, como tú pensabas que nunca se podría hacer.
Llegarás a su cercanía y les mirarás, y te urgirá insultarles, y casi denunciarles, hasta provocar la risa del agente.
Y llegarás a la orilla del río. Y comenzarás a recordar…pero no te dejarán, pues jóvenes de todas las edades, pues la juventud vive en el alma de los hombres, no en los calendarios; estarán bañándose en el río aquel, algunos hasta desnudos, algunos hasta vestidos, otros como les da la gana. Y tú dejarás de recordar, y volverás a increpar a quien envidias. Sí, envidias. Pues ves en ello lo que quieres ser, como deseas estar. Echas de menos la oportunidad, el barco que viste pasar una y tantas veces y no te atreviste a tomar. Donde ella mirándote esperaba tu llamada. 
Ella siempre anhelante de tus roces. Sus ojos brillaban al saberse observada por ti. Tú, deseoso de tomarla, de soñarla, de quererla abrazar, de dar rienda suelta a vuestra imaginación, a vuestras ganas de vivir. Igual que la de ellos ahora. Simplemente envidias a quien es feliz.
Escuchas el susurro del río, de sus chapoteos contra las orillas. Te hacen recordar, te rememoran los momentos del pudiste y no quisiste, no te arriesgaste a un no. Algo que ya tenías. Ahora tu rabia te hace encrespar al ver a los otros disfrutar de tu parque, de tu río, de vuestro parque, de vuestro río, de vuestras ansias. 
No fuisteis capaces de lanzaros en pos de vuestro amor. Algo tan sencillo como dejaros llevar por la naturaleza, por el qué dirán. El qué dirán no existe.
El transcurso de los años. El semblante del río, ha cambiado, te dices. Después en un remanso del río, te reflejas…No, el que ha cambiado soy yo…
Levantas la mirada, la ves…no puede ser es ella, sí, es ella. Y está sola. Quizás me rechace, vuelves a temer. Y entonces te lanzas. Ella te ve llegar, asombrada. Esperanzada, también está más lanzada. Vengo todos los años por esta época al río. Sí, a esperarte, a que decidas a cercarte, a pedirme, a amarme…
Nadie supo que pasó. Ambos desnudos, se vieron juntos durante todo el día, entregados a la fogosidad de dos quinceañeros. Ambos eran de aquí cerca, ambos vivieron solos siempre, nadie supo de ellos compañía alguna…
Nadie los vio por donde marcharon, todos preguntaban de quien era aquella ropa, al caer la tarde…
El río brillaba en el ocaso de la tarde, dejando los brillos del marrón dorado que tanta fragilidad alegre y melancólica de trazas conseguidas, aún tarde…



miércoles, 12 de septiembre de 2012

He salido a la calle.


He salido a la calle.
Aire, necesitaba aire. Un rondar errabundo. Una compañía de alguien miserable, de alguien necesitado. Necesitaba una conversación sincera. Sí, sincera. Porque ellos no quieren nada, nada piden. Simplemente un rato. Una mano en su hombro. No tienen nada y por ello valoran todo. La verdad ante todo. Nada tienen que ocultar. Son repudiados por todos. Ellos lo saben y tienen los ojos y oídos más abiertos que los demás. Son capaces de entender las miserias desde su interior.
Son la escoria. Pero cuando te miran, ves en ellos a ángeles, seres inocentes que beben la cicuta impuesta por una sociedad mucho más merecedora de ello.
Si paras, le escuchas. Te cuentan el regreso al estadio anterior donde nuestros ancestros vivían. La única preocupación era la subsistencia, la captación de las necesidades primarias. El resto es observar la jungla. Una jungla de la que formamos parte, todos. Mucho más peligrosa que la primigenia. En aquella los depredadores se veían venir. En ésta el depredador se autodenomina tu amigo. Él te venderá por unas minucias de plata antes que el alba despunte.
Los turbados errantes, los desencantados, aún peores. No dejan desarrollar los sueños a los que sonríen a la luz del sol. Son peores, pues creen hacer una buena labor de caridad y les hace el trabajo a ellos. A los atrapadores de sueños. Los pensamientos disociados son peligrosos para el orden establecido. Los partidarios del buen orden, no quieren nuevas ideas. Quieren eliminar al rebelde. No penséis ellos os lo dan pensado. No tengáis sueños, ellos os facilitarán el maná con el sabor preferido.
Me jode ver como nos alimentan con sabia envenenada, alienante y adormideras recetadas. Desahuciamos a los que de verdad debiéramos encumbrar.
Al menos sed lo suficiente valientes como para no entorpecer a los que deciden pelear por cambiar esta putrefacta existencia.
Para colonias bien organizadas ya están las abejas y las hormigas, o las termitas. Nosotros nos denominamos hombres. El hombre. Somos una triste caricatura.
De nuevo hemos creado a dios. Traicionamos por él. Desertamos por él. Matamos por él. No nos dejemos manosear por una mano que nos obliga a hacer lo que ella desea.
No os pido valentía para hacer. El miedo es libre en el subconsciente unipersonal y manipulable. Pero sed valientes para al menos no entorpecer a los que tienen la valentía de ser curiosos y soñar. Los sueños no deben de dejar de existir hasta que se hacen realidad. No, que mueran porque los eliminemos.
Hoy he salido a la calle, abrazo a la tristeza, porque he leído en mucho de vosotros, que los sueños, sueños son. Y deben seguir perteneciendo al estadio onírico.
Hoy puedo escribir sin disimular. Gracias a los de la calle por lo que me enseñan, a los otros, bueno, a los otros valentía, para dejar hacer…




En este enlace podéis pinchar si queréis seguir la publicación de los textos del libro SALPICADURAS . Ya tenéis los cuatro primeros  relatos completos, pronto el quinto. MI SUEÑO...SE PIERDE EL TREN con las ilustraciones de José L. Martínez REBOTE.