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viernes, 10 de mayo de 2013

Abejas…


Abejas…
Campos de trigo
Espigas cargadas de granos generosos
Una piedra de cuentas rodando en su círculo cónico
Transformando sus cuerpos
Regando las estepas de níveo maná
Y las flores altivas
Despliegan sus encantos, quieren ser germinadas

Un acuerdo, un intercambio
Chorreando sus celdas hexagonales de fruto maduro
Y un bolillo tomo para ungir tus labios
Señora reina, madre del panal
Nada puedo hacer
Nada quiero
Todo
Enharinada cuan postre de dulce belleza
Agradecida, regocijada, en sus tirantes labios, se lee
Y recorre nuestros, prietos rostros
La encubierta satisfacción
Tú me muerdes
Recibo la adulación de tu boca sumergida
En el dorado manjar
Y noto tu sabor
Sublime…
Entonces comprendo nuestro enervado encuentro
En aquella estación
Aquel día
Nuestras manos alzadas, en la lejana distancia de los metros
Todo pasó, en campos yermos, con grietas en la piel
Ya nada queda, aquello es polvo oscuro
Hoy retozamos en el molino
Y rebozamos nuestras pieles
Pringándonos
Para poder sorbernos después.

lunes, 1 de abril de 2013

La corriente fluye…


La corriente fluye…
Cientos de metros sobre el suelo, elevados en mil compartimentos nos encontramos. Ronroneando sobre enésimos peldaños. Proyectando al cielo y amenazándolo con las formas balísticas de nuestros inventos.

En el serpenteante arroyuelo se arremolinan las rosas, quebrando la corriente con su peculiar olor, diosdados seres, suben contracorriente. Temporada sobre temporada, dejando su vida, logrando hacer visible lo imposible. Dejando cincelado en las mentes de los hombres que no todo es línea recta y corte de guillotinados íntegros. 
A veces los salmones desovan. Muchas veces, y nos demuestran algo contranatura.

Niños de aterciopelados cuerpos sobre mascotas mansas, protectoras que duermen plácidamente sobre sus cuerpos. Mas si osas tocarlos, sus incisivos desgarrarán tu piel inoportuna. Las presas de protectores tan eficaces, no cuentan las anomalías.
Las cortinas de barrotes reclaman ausencia. Sin gritos ni esparcimiento, sólo alienamientos, sin comprobar cuántos recrean las curvas de las plumas corroídas.

La corriente fluye y refresca con sus presencia la irritante calor que postra al lecho de la serpiente. Rejuvenece sus contornos con las sinuosas vertientes de su cuerpo. Una mueca cómplice envalentona al guerrero que da filo a su estilete, prepara la acometida y espera paciente, el momento del aguerrido  encontronazo con la realidad del silencio.

Calmado al final del sinuoso camino, reposa sus fluidos, dejando aplacado sobre la desembocadura, recorriendo sin ser percibido bajo los muelles de férreo encuentro de trenes de descarga. Donde mortales víctimas desfallecen tras un largo pasaje. Habiendo entregado lo más preciado como pago. Tranquilo ve discurrir el macilento adiós.