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sábado, 10 de noviembre de 2012

Recompensado…


Recompensado…
Un mundo material. Un hombre materialista. Una sociedad, paquidérmica. Elefantiásica, sí pero con derecho a estética. Interiormente somos mejores que los neandertales. Esos homínidos carentes de sensibilidad, dicen. Más cercanos, zoológicamente hablando, con los animales que con nosotros.
Ellos mataban a sus coetáneos de un fuerte leñazo para alimentarse. En cambio nosotros hemos evolucionado. Hemos creado las más sofisticadas técnicas de tortura emocional. Hemos hecho todo un compendio de normas para eliminarnos los unos a los otros, eso sí, gracias a la legalidad para matar o dejar matarse. Leyes y leyes, letras rígidas para poder donar partes de otro ser por el hecho de ser los legalmente designados para ello. En cambio ese mismo no puede ser quien decida si se le extrae la semilla de vida para auto inseminarse y poder llevarse el mejor recuerdo de tu ser más querido, o sea un hijo. 
Leyes y leyes, letras rígidas. Por qué no dejan, a veces que algunas leyes las escriban los poetas, seguro la naturaleza lo agradecería. Algún neandertal habrá osado tocar allí, seguro.
Entre tanto te extirpo tus órganos porque lo decidí, tras una mufla de engaños y buenas palabras. Gran manejo de la retórica de sentimientos en momentos delicados y zas, ya está, firma.
Al menos queda una cosa importante flotando en el ambiente, un corazón sigue latiendo en tu pecho, seguro que lo cuidarás más y mejor que el que te vino de fábrica.
Se acabaron los eternos días de la engorrosa diálisis. Ya lleváis mejor vuestros días, brillan mucho mejor con sus riñones.
Esas bellas córneas, que tanto me miraron. 
Esas envolturas oculares que acariciaron miles de veces mi torso desnudo mientras rehacíamos nuestros ropajes revueltos tras un forcejeo amoroso y pleno de señales zigzagueantes, desplegando nuestras ansias unísonas.
Me queda la belleza en mi retina, la sonrisa de tu rostro, incluso en los peores momentos.
Mi recompensa se despliega en otros seres. Mi recompensa es que sigues vivo en otros seres.
Te siento palpitar en las cercanías de este mundo. Recompensado…





miércoles, 10 de octubre de 2012

Bifurcaciones.




Bifurcaciones.


Todos los días, todas las horas, todos los momentos, toda la vida, está llena de bifurcaciones. Unas veces nos queremos creer que decidimos, otras nos gusta decir que es el destino. No hay realmente decisión, realmente es un caño de fuerte corriente que fluye por las vertientes más favorables cuando llega a la bifurcación. Nos vanagloriamos de ser unos cuerpos pensantes, cuando nos vienen los resultados propicios. Cuando la fatalidad se adueña de los resultados, buscamos culpables. El destino, dios, o el gobierno. Inocentes, incautos somos siempre buscando culpables para nuestras derrotas. Implacables sabedores del mundo, cuando ganamos insulsas batallas. Siempre fue así, ya lo decían. Las victorias les llueven las madres, las derrotas son huérfanas. 
Nadie quiere atribuirse los errores del camino, y ahí surge nuestra búsqueda de culpables, de cabezas de turco, llamémosles con las mil y una designaciones que se nos ocurran, pues cuando es de ingeniosidades, nos pintamos solos.
La verdad de todo, la vida es fluida, es un torrente que circula a gran velocidad. Tal que se nos escapa el poder elegir, ella elige por nosotros. Toma la torrentera más favorable, y ruge a toda fuerza hacia la caída libre, para llegar a otro estadio. Éste nos gratificará con vivencias gratas o nos parecerá el infierno en vida. Pero ¿lo elegimos?. No. Hubo unas determinadas circunstancias, momentos, lugares, individuos, vientos que nos orientaron, vientos que nos empujaron, vientos que como plumas nos mueven a su antojo. Pero, No. Nosotros no lo reconoceremos, pues somos racionales, y eso qué quiere decir, pues eso que somos muy listos. Muy libres de elegir, qué hago, qué no hago. 
Siempre hay un por qué ocurrió aquello. Sin darnos cuentas que la casualidad no existe. La vida nos arrimó allí, eso es lo inevitable. Donde antes éramos dueños de nuestros actos, comenzamos a ver oscuridad y la luz nos abandona. Entonces nos acordamos de ella, la suerte. La mala, porque
 de la buena no se acuerda nadie, hasta que desaparece. Ella es la que nos quitó lo que la otra nos dio. Y si todo esto no fuera más que una ilusión. Y si ni siquiera somos capaces de decidir, ni el momento en que podemos dejar de respirar. Porque quién es dueño de su vida. Ella nos da elegir, nos dirá. Y lo único que le podemos responder es…si nos das a elegir:
Yo me quedo contigo…
Porque sin ti, ya no vivo…Jejejejejejeje….