Masticaba la
noche
Sí, aquella
solitaria noche
Pisabas fuerte
la loza del pasillo
Sin serpenteos
Nos hicimos,
uno, fuimos “Sonámbulos”
Desligados de
atuendos
No más piel a
piel
Y escuché tu
susurrante chirrido
Exhibías: “Recorro
con mis dedos”
Invitaste mi
albor de fuego edénico
“Tu desnudez y
amarro”, plisabas
Acaso portazos
de seda
Cúmulos de
envites descarriados
“Docenas de
gemidos”
Sobre la
almohada un papel sin escribir
Un sueño, mi
anhelo, un acervo aguerrido
“Que gritan tu
nombre.”
Engelke,
siseas de láminas oscuras
Peldaños sin
escaleras
Sabes jugar
por mis entelequias.
Tú, picas en
el vitral de mis pupilas
Irisando de
misceláneas azules
El gorjeo de
mis oníricos apetitos, respondías.
Delineando sinusoidales
concéntricas
Parábolas rasgadas
Aposentando entre
beldades.
Han sido
paralelas infinitas
Dos ojos rojos
tras el sol del túnel
O un
daguerrotipo provisional.
Ya sé, es el
escarlata de tus labios
Contrastados con
el azabache torso
De tus pechos
erguidos
Ya sé, es el
rutilante pelambre
Compuestas de
olas de sal
De nuestros
sudores desviados.
Acumúlame en
tus ansias
Seremos centinelas
de la noctívaga oscura
Retorceremos los
salivales
Cuando el sol
desea legar su responso
Pues vinimos a
este orbe
A reescribir
el incruento estadio
Donde los
pequeños se nutren de las hojas níveas.
Miénteme mas
nunca me dejes atrás
Arrástrame por
las torrenteras
Hasta escribir
tu vida en mi silencio.
Imagen:
AnaDíaz.
©Santiago
Pablo Romero. Saray Pavón.
